El infierno de mi mente

Hubo un tiempo en el que todo era distinto, donde todo era feliz, donde yo existía en mi mayor explendor. Eran tiempo de grandeza, ilusión y felicidad, nadie parecía querer que todo aquello cambiara, porque estábamos juntos y eso era lo único importante.

Hasta que mi mente cayó.

Es difícil explicar cómo sucedió o por qué, pero ocurrió. Mi mente empezó a acarrear todos los problemas que un día tuve y que aún sigo teniendo, comenzó a sentirse culpable por todo lo que sucedía a su alrededor, se debilitó. Quizás vino de la nada o fue una sucesión de catástofres que mi mente no pudo sino caer y romperse.

Fuera la que fuere la razón, había caído y no sabía cómo levantarme.

No sólo caía, sino que siempre tropezaba, y comencé a sentirme muy abandonada por mi propio cuerpo, sólo aguantaba por lo que podía dormir después. Es inevitable pensar en que fuera yo la culpable o los demás. Sin embargo, todavía hoy sigo preguntádome qué pudo acontecer tanto mal en tan poco tiempo. Llegué a odiarme a mí misma, a despreciar todo cuanto pensaba, pues era ese mismo sentimiento el que me hacía querer acabar con todo y con todos. No hablaba, sólo miraba, observando todo lo que podía llegar a destruirme. Era puro morbo, me faltaban las palomitas para degustar mejor el desastre en que se había convertido mi vida.

No voy a romantizar la depresión; sin embargo, sí que sentí mucho cariño por alguien que me ayudó a no caer tanto. Seguía cayendo cuando él no estaba, pero por lo menos él lamía mis heridas después.

Me gustaría poder decir lo mismo de los demás, pero desgraciadamente me vi más sola que nunca, y por muchas cosas que pasaran, seguía desconfiando.

Puede que aquello me hiciera débil, que deconstruyera todo cuanto había logrado, más a día de hoy soy más fuerte, soy una luchadora que no va a rendirse, porque sabe lo que es llegar al fondo de la escalera y no saber dónde mirar ya que está todo en la más absoluta oscuridad y sólo alcanzo a saber que no voy a volver a esas escaleras. He cerrado con llave ese sótano lúgubre y he tirado la llave, así que no hay marcha atrás.

He empezado una nueva vida, alejada de esos malos remordimientos y esa gente que me restaba, y aunque el camino en busca de la lejanía de ese cuarto, me veo cada vez más cerca de la libertad de mi mente.

Esta es mi historia, ten cuidado de donde pisas.

Comentarios

Entradas populares